La Esposa del Gobernador

Asi se definen algunos

Publicado por La Esposa del Gobernador en Noviembre 16, 2009

 

Y lo mas divertido es que les gusta que les denominen como adjunto aparece en la fotografía. Me divierte porque me parece ridículo pero al mismo tiempo tengo que darles la razón. Y en la calle mis ojos han visto varios que lucen tal y como este, solo que …. las apariencias engañan y en lugar de hocico se les ve una nariz de cebolleta.

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Lo tiene ante sus propios ojos.

Publicado por La Esposa del Gobernador en Noviembre 16, 2009

Pobrecito…

 

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No puedo negarlo

Publicado por La Esposa del Gobernador en Noviembre 14, 2009

ME GUSTA ME GUSTA ME GUSTA ME ENCANTA

henry ian cusick

 

Como me hubiese gustado tener aqui el VIDEO (no dejeis de verlo) pero…. está desactivado para su puesta en blog.. Ohh, que pena, de verdad!  Ese caballero andante, ese personaje especial….

 

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Como saber…

Publicado por La Esposa del Gobernador en Noviembre 14, 2009

Me escribe un sumiso (digamos que en principio no tengo nada que negar respecto a su naturaleza), pero viendo la cantidad de falsos sumisos, esa cantidad de hombres que tan solo desean un tiempo de liberación a sus estímulos, le contesto exigiéndole que me diga más sobre él. Ciertas preguntas clave que debe responder. No se trata de ningún juego, los juegos vienen después. Pero me doy cuenta de la gran diferencia entre los llamados buenazos de nacimiento, y que en ello me siento identificada pero al revés, sin dejar la bondad soy una dominante nata, se sitúan en un ochenta por ciento los curiosos, indecisos, mentirosos y simplemente con ganas de pasar un rato y luego pasar de todo. Por ello tengo que comentar que no me hago muchas ilusiones, aunque alguno dijo que la cabellerosidad existe, por supuesto!

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Por la Cintura

Publicado por La Esposa del Gobernador en Noviembre 14, 2009

La primera vez que hablamos me tomó por la cintura. Recuerdo que yo llevaba un sueter azul de punto muy holgado casi transparente y mis tejanos A.D. Sabían por allí que de todos era yo quien llevaba los temas administrativos, las llamadas, y las preocupaciones. Por eso, cuando salió de la habitación se puso a hablar conmigo. Sin embargo noté que aunque me tomaba por la cintura seguramente para apaciguar tantos días de tensión, me tomaba acercándome a la suya, y mientras hablaba continuaba en la misma posición. Me recordó una situación muy diferente pero similar al mismo tiempo. Y. se encontraba junto a mí, sin tomarme de la cintura pero alrededor nuestro se encontraba un grupo de personas. Había espacio, mucho espacio para que Y. dijera lo que tenía que decir. Sin embargo se acercó junto a mí, y así se quedó, hombro con hombro conmigo, mientras hablaba y parece ser que se sentía a gusto así, y mientras los demás no daban crédito a tanta palabrería y tanta felicidad que emanaba de sus palabras. Instintivamente recordé aquel momento y sentí que me gustaba, y así me quedé, mientras ese hombre me hablaba, pero yo estaba en otro lugar, y al mismo tiempo me encantaba su atractivo.

Nos vimos otras veces y siempre su mirada se posaba en la mía y yo por supuesto no la desviaba. Ayer volví a verlo, pero al cruzarnos él no sabía que venía, le saludé pero su rostro estaba como sorprendido y no dijo nada. Me divirtió verlo así, sin saber qué decir. Yo llevaba mis leotardos, mis shorts, mis botas de piel de becerro, altas, muy altas, mi chaqueta de piel oscura, mi cabello largo, mi sueter con piedrecitas brillantes… Y luego entró en la habitación donde me encontraba. Esta vez me volvió a tomar mientras me hablaba pero el contacto fué más duradero, intenso y por sus ojos me di cuenta de que utilizaba su estatus para disimular su atrevimiento. Pero a mi me encantaba sentirle así, con sus ojos profundos mirándome mientras me hablaba, y sabiendo yo que más allá de lo que me decía se encontraba el verdadero motivo de querer estar así, mientras alrededor los demás hablaban y no se daban cuenta. No se que opinará de mi contacto pero el suyo era arrebatador. Tanto que por la noche lo recordé y me sentí amada.

La tarde anterior un hombre entrado en años, muy elegante, junto a su Harley se me quedó mirando complacido. Me gustan los hombres así. El papaíto que mima y se derrite ante las ocurrencias e inesperadas peticiones de la niña de sus ojos. Me gusta que existan hombres así, que a pesar de los años se cuidan, se acicalan, y aman cuanto es bello.

 

De los dos – o de los tres – ya que he mencionado un episodio pasado… me quedo con todos ellos, ya que todos ellos vibran, son apasionados y me invitan a más.

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Ante los militares

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 23, 2008

Mi tío, quien era un general, había invitado a un grupo de militares para que visitasen su nueva residencia en el interior de la región. Estaba rodeada de bosques y había un río muy cerca en el cual yo ya tenía pensado bañarme muchas veces al alba y durante los anocheceres de verano. Yo me levanté aquella mañana sin saber nada de las visitas, y cuando oí murmullos, luego risas y más tarde incluso canciones patrióticas, creía que se trataba de algún disco especial que mi tío había puesto en su gramófono. Me puse una sencilla bata, me miré en el espejo y pude darme cuenta de que por algún motivo esa mañana irradiaba felicidad. Quizá fuese algo que había soñado y que enseguida olvidé. Salí de mi habitación y bajé las escaleras corriendo, sintiendo mi corazón palpitar. Yo creía que todo ello se debía a los efectos de la primavera y me dirigí al lugar de donde provenían los sonidos, cada vez más cercanos.
Me dí cuenta de que entre ellos no se distinguía ninguna voz femenina, así que imaginé que se trataba de algun discurso solemne acompañado de vítores. Sin darme cuenta de dónde me llevaban mis pies pasé de lado del salón en el cual se encontraba el gramófono sin darme cuenta, seguí hasta la cocina y ví que había mucha comida preparada y botellas de vino abiertas, algunas vacías ya, dejadas sobre la gran mesa de madera. Crucé la cocina y me dí cuenta de que los sonidos, las voces provenían del jardín, así que entonces comprendí que mi felicidad se debía a la de mi tío, quien seguramente estaba preparando un almuerzo junto con los criados bajo la pérgola, alrededor de las flores y cerca de la fuente. Salí precipitadamente de la puerta de la cocina llamando a mi tío a voces, con tanta energía que sentía arder mi rostro y súbitamente me vi frente a un grupo de militares, todos de pie, la mayoría de los cuales tenía en una mano un vaso de vino y en la otra un cigarrillo. Llevaban todos abrigos muy largos y sus diferentes gorras con su rango y clase cada una de ellas. Serían en total unos veinte hombres, todos ellos frente a mí, observándome y por lo visto bastante sorprendidos ante mi presencia. Sus ojos denotaban una sonrisa reprimida, y se concentraban en mi rostro y luego en mi vestido para luego volver a mi rostro y de nuevo a mi vestido, sin una palabra, con sus manos congeladas allí, con el vino esperando a ser de nuevo llevado a aquellos labios ribeteados por finos y bien delineados bigotes, elegantes en su mayoría. Yo bajé la mirada y me dí cuenta de la causa de todo aquel estupor. En mis prisas por saber qué ocurría había olvidado abrocharme el camisón y lo que sobresalía de aquella bata los había casi hipnotizado.
Frente a aquellos hombres, que aunque militares, no dejaban de ser hombres con sus temores y sus inseguridades personales, me sentí desafiante. Era como una prueba de fuerza la que tenía que demostrar. Esconderme hubiera significado tener que escuchar más risas y luego el recordar aquel momento cada vez que los viese de nuevo, en un concierto, en una fiesta….

Busqué el rostro de mi tío por entre aquellas caras desconocidas. No lo percibía por ningún lugar. Aquello me dió la oportunidad de darme cuenta de que entre todos aquellos hombres había uno que me resultaba particularmente irresistible. Llevaba una boina de militar, un abrigo larguísimo, más claro que los demás, y sus piernas estaban separadas una de la otra. Se encontraba aquel hombre en posición de autoridad y me observaba en silencio, mientras yo dejaba que lo hiciese mientras a mi vez lo observaba a él. A pesar de la presencia de los demás, mis ojos estaban posados en aquel hombre que, a diferencia de los demás, cuyos rostros denotaban verguenza ajena o deseos de poseerme, este otro hombre me miraba disfrutando con mi falta de acción, encontrando mi postura interesante, comenzando a fascinarse por mi resolución de no hacer nada en absoluto a pesar de estar casi desnuda ante todos ellos.
Su mirada se convirtió en un reto y yo permanecía en silencio, así, sólo para él. Se llevó la mano en la que tenía el vaso de vino junto a la otra y asió el vaso y el cigarrilo mientras que la otra mano se la llevó a un bolsillo, como para estar más relajado y ver cual sería mi paso siguiente.
Me sentí excitada ante aquel hombre que sin palabras me decía “no puedes aguantar más, vas a entrar en la casa, seguro que lo vas a hacer” y yo desafiante lo observaba a mi vez, diciendole con la mirada “eso ni lo sueñes, amor mío”

Finalmente sentí que estábamos solos él y yo, en un jardín una mañana de primavera. Y así pasó más de un minuto, hasta que la voz de mi tío, viniendo de dentro de la casa rompió todo aquel encanto. El sonrió y yo caminé hacia atrás, sin mirar, hasta darme la vuelta y perderme de su vista, por la parte trasera de la casa. Oí a mi tío preguntar a qué se debía todo aquel silencio, pero nadie le contestó la verdad. “Es que falta más vino, Señor”, oí decir.
Fuí corriendo a mi habitación y me miré en el espejo. Aquellos hombres habían estado viendo mis senos todo el tiempo y ni uno de ellos me había dicho que fuese adentro de la casa.
Me quedé ruborizada, recordando al militar con el que había intercambiado tantas miradas e imaginé qué hubiese ocurrido si en lugar de haber todos aquellos hombres hubiésemos estado él y yo solos.
Me vestí e hice llamar a mi tío. Le expliqué que no bajaría a conocer a sus amigos porque tenía dolor de cabeza. Mi tío se preocupó bastante pero le dije que eran cosas de mujeres. Así que una vez comprendida la causa de mi jaqueca bajó y estuvo un rato más con todos ellos pero sin hablar en voz alta, para no molestar a su querida sobrina, la que estudia en París y que está hecha toda una señorita, que es tímida, como debe ser, y decorosa, como bien la educaron las monjas.

Aquella tarde mi tío llamó a la puerta de mi habitación y me entregó un dibujo muy bonito de un cisne sobre un lago, que uno de los militares había dibujado para mí.
Bajo el dibujo estaba escrito con una caligrafía fina y elegante: “Un cisne para otro cisne.”
Jean Sebastien Malraux.

Qué detalle, comenté a mi tío, y me sentí completamente confusa y avergonzada, recordando lo que había ocurrido por la mañana. Me pregunté quién podría, despues de ver lo que había visto, tratarme de “cisne” , de algo tan puro y tan inocente.

¿Quién te lo ha dado, tío?

Está escrito bajo el dibujo, dijo mi tío un poco enfadado.

Y, por qué me lo ha dado a mí?

Y yo qué sé! se enfureció mi tío. Ni siquiera te conoce y ya te está rondando. Esos militares son la caraba. No te cases nunca con un militar como yo. No tenemos remedio!

No me hizo falta saber quién era aquel admirador. Despues de tres días se presentó de nuevo y besando mi mano dijo a mi tío:

Nunca antes había visto nada igual, Señor. Es un cisne.
Y mientras mi tío miraba por la ventana, el tal admirador acercó más sus labios a mi brazo y clavando sus dientes con afecto y deseo, me dejó una marca de dolor y placer que me conmovió.

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Escenas de Sumisión

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 7, 2008

 

el clavel y la rosa

Dos personajes llaman mi atención en “El Clavel y la Rosa” telenovela brasileña ambientada en los años 20, y basada en la obra La Fierecilla Domada de Shakespeare.

Debido a dichos personajes, que no son precisamente los protagonistas de la historia, sino más bien la antítesis de los mismos, a veces me distraigo con las cosas que les acontecen y se trata de un buen estudio sobre dominación y sumisión.

 

Estos dos personajes son Cornelio Valente y Dinora Moura de Valente, ambos un matrimonio poco convencional. El es un hombre rico y sumiso, llama Diosa a su mujer frecuentemente, y ella le domina con absoluta condescencencia por su parte.

 

Cosas que hacen:

 

gse_multipart39755 1. Cornelio defiende algo con lo que Dinora no está de acuerdo. Resultado, Dinora, mientras está recostada sobre el sofá, y su madre en un sillón cercano, le espeta a su marido:

“Esta noche, duermes en el sofá”. El marido se siente humilado ante su propia suegra, quien se pone a reír.

 

2. Cornelio y Dinora visitan a una amiga, la cual tiene una tienda de ropa femenina. Dinora escoge un vestido para probarse. Y se dirigen a una habitación.

Dinora, al ver que su marido también desea entrar, le dice muy tranquilamente: No, tu no. Tu te esperas fuera. Y el se queda fuera, esperando, con el perrito en sus brazos, seguramente porque hace mucho que no ve desnuda a su mujer.

 

3. De nuevo, Dinora castiga a Cornelio con dormir en el sofá. Cornelio sube arriba y golpea suavemente la puerta de su Diosa. Ella abre y le pregunta, qué pasa. A lo que él responde “por favor, mi Diosa, déjame dormir en la habitación.”

Ella por toda respuesta le cierra la puerta violentamente en las narices.

Y él susurra mientras vuelve a llamar con suavidad: Mi Diosa, por favor, déjame dormir en la habitación. Mañana te compraré un regalo.

 

Entonces Dinora le abre la puerta muy despacio, y le dice : Te abro la puerta no por el regalo. Sino porque estoy harta de que llames, me pones mala.

Le dice que duerma en el suelo, cerca de la cama, sobre una alfombra.

El así lo hace, y la mira en su cama, tan a gusto.

Ella saca una pierna y la deja colgando fuera de la cama, para que él la vea. Mueve los dedos de su pie, invitándole a que los bese.

El se pone de rodillas y le besa su hermoso pie, sube besando su pierna y salta sobre la cama como un perrito, comenzando a besarla en el cuello, acariciándola.

Y ella, muy feliz, se deja hacer.

 

Los personajes están interpretados por Neil Latorraca y Maria Padilha

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El Corsé

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 5, 2008

Barbara Paulsen
“La Moda, reflejo del tiempo y la sociedad”

Siempre se ha considerado que la moda es un placer frívolo y egoísta que reafirma la vanidad del ser humano y divide las clases sociales de acuerdo a la vestimenta. Pero la moda es mucho más que eso. Al igual que miles de otras costumbres, la moda habla de la sociedad y su idiosincrasia, muestra qué elementos son de importancia en una cultura y de qué manera su gente vive y se desenvuelve en un contexto histórico determinado, a su vez que éste influye en el qué y cómo sea esta vestimenta.

Es cierto que sólo algunos tienen acceso a ella, pero la política, la economía, la religión e incluso las artes han pecado de elitistas a lo largo de nuestra historia, por lo tanto, no es extraño que el gusto por las telas y texturas haya sido y sea hasta la actualidad, privilegio de pocos, a pesar de que existen alternativas para cualquier presupuesto.
Antiguamente, los patrones que regían la moda eran completamente estéticos, despreocupando factores considerados secundarios como la comodidad e incluso el bienestar físico. Hasta comienzos del siglo XX la moda femenina se caracterizó por un perpetuo martirio que avalaba el dicho “Para ser bella hay que ver estrellas”. La incomodidad y poca libertad de prendas como el “corsé”, eran fiel reflejo de las costumbres que reprimían la expresión femenina a las labores domésticas y reproductivas, además, producía serios trastornos en el organismo ya que apretaba todos los órganos interiores. Siendo así la tradición, no era extraño que hasta los primeros años del siglo XX, la forma de vestir de la mujer se halla asimilado más a un objeto decorativo que a una persona.

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Scorsese : Un Cornudo neuróticamente violento

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 5, 2008

En esta escena de “Taxi Driver”, De Niro recoge a un hombre extraño (Scorsese en calidad de cameo) quien resulta ser un cornudo furioso.

De Niro deja que saque su rabia, mientras ambos ven a través de la ventana de un edifico a la esposa del cornudo Scorsese, mientras está con otro pasándoselo en grande.

Las siluetas oscuras parecen enfadar todavía más al esposo cornudo, y uno en realidad no sabe hasta que punto está cabreado…

O sadísticamente encantado.

 

 
 

 

 

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Sumisos y Esclavos. – El Final de una Nota o Carta

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 1, 2008

Nunca terminéis una carta o mensaje sin haber, ante todo, puesto vuestra nota de deferencia hacia vuestra Ama.

Ejemplo:

etc etc, me han encantado sus palabras. Se que un día se harán realidad.

Hasta pronto, me voy a trabajar!!

DE ESO NADA…. MONADA!

Aprended a respetar las normas. Despedíos con naturalidad, PERO SIEMPRE CON DEFERENCIA. No hay algo que más desagrade que ver un simple esclavo haciendose el simpatico por las prisas.

Nada de nada. Uno se despide, como minimo con un

A SUS PIES,

…POR MUCHA PRISA QUE TENGA!!!

Entendido, espero!

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