La Esposa del Gobernador

Ante los militares

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 23, 2008

Mi tío, quien era un general, había invitado a un grupo de militares para que visitasen su nueva residencia en el interior de la región. Estaba rodeada de bosques y había un río muy cerca en el cual yo ya tenía pensado bañarme muchas veces al alba y durante los anocheceres de verano. Yo me levanté aquella mañana sin saber nada de las visitas, y cuando oí murmullos, luego risas y más tarde incluso canciones patrióticas, creía que se trataba de algún disco especial que mi tío había puesto en su gramófono. Me puse una sencilla bata, me miré en el espejo y pude darme cuenta de que por algún motivo esa mañana irradiaba felicidad. Quizá fuese algo que había soñado y que enseguida olvidé. Salí de mi habitación y bajé las escaleras corriendo, sintiendo mi corazón palpitar. Yo creía que todo ello se debía a los efectos de la primavera y me dirigí al lugar de donde provenían los sonidos, cada vez más cercanos.
Me dí cuenta de que entre ellos no se distinguía ninguna voz femenina, así que imaginé que se trataba de algun discurso solemne acompañado de vítores. Sin darme cuenta de dónde me llevaban mis pies pasé de lado del salón en el cual se encontraba el gramófono sin darme cuenta, seguí hasta la cocina y ví que había mucha comida preparada y botellas de vino abiertas, algunas vacías ya, dejadas sobre la gran mesa de madera. Crucé la cocina y me dí cuenta de que los sonidos, las voces provenían del jardín, así que entonces comprendí que mi felicidad se debía a la de mi tío, quien seguramente estaba preparando un almuerzo junto con los criados bajo la pérgola, alrededor de las flores y cerca de la fuente. Salí precipitadamente de la puerta de la cocina llamando a mi tío a voces, con tanta energía que sentía arder mi rostro y súbitamente me vi frente a un grupo de militares, todos de pie, la mayoría de los cuales tenía en una mano un vaso de vino y en la otra un cigarrillo. Llevaban todos abrigos muy largos y sus diferentes gorras con su rango y clase cada una de ellas. Serían en total unos veinte hombres, todos ellos frente a mí, observándome y por lo visto bastante sorprendidos ante mi presencia. Sus ojos denotaban una sonrisa reprimida, y se concentraban en mi rostro y luego en mi vestido para luego volver a mi rostro y de nuevo a mi vestido, sin una palabra, con sus manos congeladas allí, con el vino esperando a ser de nuevo llevado a aquellos labios ribeteados por finos y bien delineados bigotes, elegantes en su mayoría. Yo bajé la mirada y me dí cuenta de la causa de todo aquel estupor. En mis prisas por saber qué ocurría había olvidado abrocharme el camisón y lo que sobresalía de aquella bata los había casi hipnotizado.
Frente a aquellos hombres, que aunque militares, no dejaban de ser hombres con sus temores y sus inseguridades personales, me sentí desafiante. Era como una prueba de fuerza la que tenía que demostrar. Esconderme hubiera significado tener que escuchar más risas y luego el recordar aquel momento cada vez que los viese de nuevo, en un concierto, en una fiesta….

Busqué el rostro de mi tío por entre aquellas caras desconocidas. No lo percibía por ningún lugar. Aquello me dió la oportunidad de darme cuenta de que entre todos aquellos hombres había uno que me resultaba particularmente irresistible. Llevaba una boina de militar, un abrigo larguísimo, más claro que los demás, y sus piernas estaban separadas una de la otra. Se encontraba aquel hombre en posición de autoridad y me observaba en silencio, mientras yo dejaba que lo hiciese mientras a mi vez lo observaba a él. A pesar de la presencia de los demás, mis ojos estaban posados en aquel hombre que, a diferencia de los demás, cuyos rostros denotaban verguenza ajena o deseos de poseerme, este otro hombre me miraba disfrutando con mi falta de acción, encontrando mi postura interesante, comenzando a fascinarse por mi resolución de no hacer nada en absoluto a pesar de estar casi desnuda ante todos ellos.
Su mirada se convirtió en un reto y yo permanecía en silencio, así, sólo para él. Se llevó la mano en la que tenía el vaso de vino junto a la otra y asió el vaso y el cigarrilo mientras que la otra mano se la llevó a un bolsillo, como para estar más relajado y ver cual sería mi paso siguiente.
Me sentí excitada ante aquel hombre que sin palabras me decía “no puedes aguantar más, vas a entrar en la casa, seguro que lo vas a hacer” y yo desafiante lo observaba a mi vez, diciendole con la mirada “eso ni lo sueñes, amor mío”

Finalmente sentí que estábamos solos él y yo, en un jardín una mañana de primavera. Y así pasó más de un minuto, hasta que la voz de mi tío, viniendo de dentro de la casa rompió todo aquel encanto. El sonrió y yo caminé hacia atrás, sin mirar, hasta darme la vuelta y perderme de su vista, por la parte trasera de la casa. Oí a mi tío preguntar a qué se debía todo aquel silencio, pero nadie le contestó la verdad. “Es que falta más vino, Señor”, oí decir.
Fuí corriendo a mi habitación y me miré en el espejo. Aquellos hombres habían estado viendo mis senos todo el tiempo y ni uno de ellos me había dicho que fuese adentro de la casa.
Me quedé ruborizada, recordando al militar con el que había intercambiado tantas miradas e imaginé qué hubiese ocurrido si en lugar de haber todos aquellos hombres hubiésemos estado él y yo solos.
Me vestí e hice llamar a mi tío. Le expliqué que no bajaría a conocer a sus amigos porque tenía dolor de cabeza. Mi tío se preocupó bastante pero le dije que eran cosas de mujeres. Así que una vez comprendida la causa de mi jaqueca bajó y estuvo un rato más con todos ellos pero sin hablar en voz alta, para no molestar a su querida sobrina, la que estudia en París y que está hecha toda una señorita, que es tímida, como debe ser, y decorosa, como bien la educaron las monjas.

Aquella tarde mi tío llamó a la puerta de mi habitación y me entregó un dibujo muy bonito de un cisne sobre un lago, que uno de los militares había dibujado para mí.
Bajo el dibujo estaba escrito con una caligrafía fina y elegante: “Un cisne para otro cisne.”
Jean Sebastien Malraux.

Qué detalle, comenté a mi tío, y me sentí completamente confusa y avergonzada, recordando lo que había ocurrido por la mañana. Me pregunté quién podría, despues de ver lo que había visto, tratarme de “cisne” , de algo tan puro y tan inocente.

¿Quién te lo ha dado, tío?

Está escrito bajo el dibujo, dijo mi tío un poco enfadado.

Y, por qué me lo ha dado a mí?

Y yo qué sé! se enfureció mi tío. Ni siquiera te conoce y ya te está rondando. Esos militares son la caraba. No te cases nunca con un militar como yo. No tenemos remedio!

No me hizo falta saber quién era aquel admirador. Despues de tres días se presentó de nuevo y besando mi mano dijo a mi tío:

Nunca antes había visto nada igual, Señor. Es un cisne.
Y mientras mi tío miraba por la ventana, el tal admirador acercó más sus labios a mi brazo y clavando sus dientes con afecto y deseo, me dejó una marca de dolor y placer que me conmovió.

Votar

Publicado en Erotismo, Literatura, Relato de Ficción | Etiquetado: , , , , , | 2 Comentarios »

CONTINUACION VI

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 10, 2008

Tengo que seguir hablando de mi jefe, y la verdad es que ya me estoy comenzando a hartar, puesto que ahora empieza realmente la etapa en la cual este hombre comenzó a actuar en la forma que lo hizo, alterando mis planes, e incluso mi vida personal.

En primer lugar, una tarde me llamó para que fuese a su despacho.

Al llegar vi que me miraba con cara de borrego sumiso. Luego me invitó a sentarme. Y lo primero que me preguntó fue:

Ya has pensado acerca del tema del contrato?

Por supuesto, lo he pensado, y ya sabe mi respuesta: cuando termine este trabajo me voy a … como le dije. Allí está mi novio.

Para mí, esta no es una decisión.

Ah no? Cómo que no?

Pero tú sabes lo que significaría para tí tomar este contrato? Sería buenísimo para tu carrera, tu currículum.

Ya le he dicho que había tomado una decisión. Ademas, mi novio…

Tu novio, tu novio!! Dónde está tu novio? Nunca está aquí, la verdad es que no me gusta mucho este novio tuyo.

(Pero bueno, A EL QUE LE IMPORTA MI VIDA PRIVADA EH?)

Yo no tengo ambición de quedarme aquí. Además según tengo entendido, el contrato es por tres años. Eso no lo podria aceptar para nada. Ya sabe en qué condiciones me quedé aquí.

Pues te diré una cosa: Para mí, tu decisión NO ES NINGUNA RESPUESTA. Así que VUELVELO A PENSAR Y CUANDO HAYAS TOMADO UNA DECISIÓN, VOLVEREMOS A HABLAR.

Así me quedé yo, mientras él, sin más, se disponía a beber su café que le habían traído antes de mi visita.

Me fui pensando “qué le pasa a este hombre? Mi decisión es MI decisión. Qué está pasando aquí?

Y luego, más tarde, cuando salíamos del trabajo le entregué un poema que me habían publicado en dos páginas web, sobre el sitio en el cual trabajaba y que pronto abriría sus puertas a todo el público. Yo estaba entusiasmada por todo ello, pero al darle el poema, el lo recibió con educación, pero sin palabras.

Al irme, tomé un taxi. Pasamos por varias calles, hasta llegar a la Gran Avenida. El sol otoñal dejaba reflejos de miel por todos lados, las hojas de los arboles de la Avenida se movían majestuosas, casi tocando las ventanas del taxi. Yo me sentía feliz, pero de pronto…. comencé a sentir una gran tristeza, y no sabía por qué, pero comencé a llorar en silencio en aquél taxi. Sentía que por algún motivo había captado “algo” de aquel hombre a quien acababa de entregar mi poema. Sentía que él estaba triste por algo. Me sorprendió el hecho de que tanta pena me hubiese hecho llorar. Pero sin saber qué exactamente, SABÍA que a aquel hombre algo le estaba ocurriendo, lo absorbí sin darme cuenta, antes de dejar en sus manos mi escrito.

Entonces le dije al taxista que pusiese la radio. Necesitaba escuchar algo, lo que fuera, para cesar esa tristeza que me embargaba y no sabía bien qué era.

La voz angelical de una cantante maravillosa, dedicando palabras precisamente a la ciudad en la que me encontraba, junto con los tonos marrones y ocres de las hojas de los árboles dejando ver rayos de un sol a punto de ponerse, me sumieron en un letargo y una belleza, que nunca he podido olvidar.

Votar

Publicado en Diario, Vivencias | Etiquetado: , , , | 1 comentario

Escenas de Sumisión

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 7, 2008

 

el clavel y la rosa

Dos personajes llaman mi atención en “El Clavel y la Rosa” telenovela brasileña ambientada en los años 20, y basada en la obra La Fierecilla Domada de Shakespeare.

Debido a dichos personajes, que no son precisamente los protagonistas de la historia, sino más bien la antítesis de los mismos, a veces me distraigo con las cosas que les acontecen y se trata de un buen estudio sobre dominación y sumisión.

 

Estos dos personajes son Cornelio Valente y Dinora Moura de Valente, ambos un matrimonio poco convencional. El es un hombre rico y sumiso, llama Diosa a su mujer frecuentemente, y ella le domina con absoluta condescencencia por su parte.

 

Cosas que hacen:

 

gse_multipart39755 1. Cornelio defiende algo con lo que Dinora no está de acuerdo. Resultado, Dinora, mientras está recostada sobre el sofá, y su madre en un sillón cercano, le espeta a su marido:

“Esta noche, duermes en el sofá”. El marido se siente humilado ante su propia suegra, quien se pone a reír.

 

2. Cornelio y Dinora visitan a una amiga, la cual tiene una tienda de ropa femenina. Dinora escoge un vestido para probarse. Y se dirigen a una habitación.

Dinora, al ver que su marido también desea entrar, le dice muy tranquilamente: No, tu no. Tu te esperas fuera. Y el se queda fuera, esperando, con el perrito en sus brazos, seguramente porque hace mucho que no ve desnuda a su mujer.

 

3. De nuevo, Dinora castiga a Cornelio con dormir en el sofá. Cornelio sube arriba y golpea suavemente la puerta de su Diosa. Ella abre y le pregunta, qué pasa. A lo que él responde “por favor, mi Diosa, déjame dormir en la habitación.”

Ella por toda respuesta le cierra la puerta violentamente en las narices.

Y él susurra mientras vuelve a llamar con suavidad: Mi Diosa, por favor, déjame dormir en la habitación. Mañana te compraré un regalo.

 

Entonces Dinora le abre la puerta muy despacio, y le dice : Te abro la puerta no por el regalo. Sino porque estoy harta de que llames, me pones mala.

Le dice que duerma en el suelo, cerca de la cama, sobre una alfombra.

El así lo hace, y la mira en su cama, tan a gusto.

Ella saca una pierna y la deja colgando fuera de la cama, para que él la vea. Mueve los dedos de su pie, invitándole a que los bese.

El se pone de rodillas y le besa su hermoso pie, sube besando su pierna y salta sobre la cama como un perrito, comenzando a besarla en el cuello, acariciándola.

Y ella, muy feliz, se deja hacer.

 

Los personajes están interpretados por Neil Latorraca y Maria Padilha

Votar

Publicado en Erotismo, Literatura, tv | Etiquetado: , , , , , , | 2 Comentarios »

El Corsé

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 5, 2008

Barbara Paulsen
“La Moda, reflejo del tiempo y la sociedad”

Siempre se ha considerado que la moda es un placer frívolo y egoísta que reafirma la vanidad del ser humano y divide las clases sociales de acuerdo a la vestimenta. Pero la moda es mucho más que eso. Al igual que miles de otras costumbres, la moda habla de la sociedad y su idiosincrasia, muestra qué elementos son de importancia en una cultura y de qué manera su gente vive y se desenvuelve en un contexto histórico determinado, a su vez que éste influye en el qué y cómo sea esta vestimenta.

Es cierto que sólo algunos tienen acceso a ella, pero la política, la economía, la religión e incluso las artes han pecado de elitistas a lo largo de nuestra historia, por lo tanto, no es extraño que el gusto por las telas y texturas haya sido y sea hasta la actualidad, privilegio de pocos, a pesar de que existen alternativas para cualquier presupuesto.
Antiguamente, los patrones que regían la moda eran completamente estéticos, despreocupando factores considerados secundarios como la comodidad e incluso el bienestar físico. Hasta comienzos del siglo XX la moda femenina se caracterizó por un perpetuo martirio que avalaba el dicho “Para ser bella hay que ver estrellas”. La incomodidad y poca libertad de prendas como el “corsé”, eran fiel reflejo de las costumbres que reprimían la expresión femenina a las labores domésticas y reproductivas, además, producía serios trastornos en el organismo ya que apretaba todos los órganos interiores. Siendo así la tradición, no era extraño que hasta los primeros años del siglo XX, la forma de vestir de la mujer se halla asimilado más a un objeto decorativo que a una persona.

Leer el resto de esta entrada »

Publicado en Erotismo, Moda | Etiquetado: , | Deja un Comentario »

CONTINUACION V

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 5, 2008

Esa misma tarde, cuando faltaban unas dos horas para irme, se acercó una de mis compañeras, responsable en su sección y me comentó que iban a tener visitas después del trabajo, una comitiva de escritores que darían una conferencia.
No es necesario que estés, por supuesto, ya que no tienes que traducir nada, pues son de otro país. Estaremos yo, más W y S. Estoy tan cansada y nada más pensar en esta recepción me pone mal. Ojalá no viniesen, tengo ganas de irme ya.
Al cabo de una hora volvió a venir y me dijo que si no me importaría, a nuestro jefe le gustaría que asistiera, para ver cómo se desarrolla la conferencia. Pero, me dijo, no es una obligación, sólo para que veas cómo funciona.
La verdad es que tenía deseos de irme tan pronto terminase mi trabajo, pero pensé que quizás fuese algo interesante. Mi jefe era además maestro de ceremonias, aunque yo no lo sabía.
Así que al cabo de un rato vuelve a venir dicha compañera y me dice que a EL le gustaría que estuviese. Eso ya me sonaba a obligación. Pero el lugar me gustaba tanto que decidí quedarme.
Cuando llegó el momento nos trasladamos a la sala de conferencias. Había mucha gente y allí estaba él junto don el director general. Al verme, comenzó a comentarle al director general algo por lo bajo, mientras éste ponía sus ojos en mí y yo desviaba la mirada. Debe decirle quien soy, la nueva responsable y todo eso. El director miraba otra vez y de vez en cuando volvía a mirar.
La conferencia fue un éxito pero yo ni me enteré, pues no comprendía bien el idioma literario de aquel país -todavía-, unicamente el coloquial. Sin embargo pude captar lo bueno que era mi jefe como maestro de ceremonias, sobre todo él, que siempre era TAN CEREMONIOSO. Eso le venía como anillo al dedo.
Sus manos eran reposadas, relajadas, y eso me infundió tranquilidad. Qué más quisiera yo que estar tranquila más adelante, con lo que se avecinó encima!
Al llegar a mi apartamento me sentí feliz al darme cuenta de la importancia de mi trabajo y sobre todo el medio en el que se desarrollaba. Un templo de sabiduría al que por algún motivo oculto se me había dado la bendición de pertenecer.
Al día siguiente tuve un percance en mi oficina. Simplemente se trataba de una rueda bajo la silla que no funcionaba. Llamé a uno de los chicos de mantenimiento y su respuesta fue bien clara: Hasta que el Dr. no llegue, no puedo hacer nada. Todo pasa por él.
Pero… cómo? Se trata de una simple rueda de mi asiento, eso es increíble.
Pues.. así es él.
Me quedé en ascuas y esperé que viniese pronto. Cuando lo hizo, al cabo de unos cinco minutos se presenta el chico de antes con otro y me preguntan, acercándose y sonriendo.
¿No te gustaría que en lugar de cambiar la rueda….. cambiasemos TODO EL MOBILIARIO?
Me quedé así, mirándolos, sin saber qué decir.
Pero… ¿qué pasa, a qué viene esto?
Tú dí si te gustaría o no.
Hombre pues si, me gustaría, depende de qué clase de mobiliario. Pero…
Uno nuevo. Ven y lo verás.
Salí con ellos y me llevaron a una gran sala con mobiliario nuevo. Había todo un equipo nuevo de escritorios, sillas, armarios, archivos… etc. Era precioso.
¿Y?
Y pues… si quieres, lo cambiamos.
Entonces no pude dejar de pensar que mi jefe estaba detrás de todo ello. Por una simple rueda me cambiaban…. todo el mobiliario.
Bueno si pero y W? Ella también comparte despacho conmigo.
También se lo cambiaremos. Claro, para que no desentone.
W. se empeñó en no querer cambiar nada de su mobiliario. Ya estaba contenta, no necesitaba cambios. Pero cuando volvieron los dos muchachos le dijeron que el Dr ya lo había decicido, así que ella puso cara de enfado y se puso a trabajar mientras tanto.
Aquellos muebles que traían y cambiaban con tanta rapidez, la mesa brillante, con aroma de madera fresca, los colores claros, los archivos preciosos, la nueva silla, los estantes y armarios….
todo aquello despertó la curiosidad de los otros departamentos, y las chicas se acercaban y abrían los ojos con admiración.
Espero que A MI TAMBIEN me lo cambien, es decir, no tengo nada en contra, pero nosotras también debemos cambiar de mobiliario, no?
Yo ya ni sabía qué contestarles. Otra vez me ponía en un aprieto.
W se quejó de que se sentía menos libre, ya que estaba entrada de peso. Pero no tuvo mas remedio que aguantarse.
Luego se fue antes de lo previsto al haber terminado su tarea temprano, y yo me quedé, allí, tranquila, disfrutando de la paz y tranquilidad del lugar.
Al cabo de un rato, comencé a escuchar un ruido de pasos.
Pasos fuera de la alfombra del pasillo. Me preguntaba por qué alguien caminaba fuera de la alfombra, cuando era muy ancha y ocupaba casi todo el gran pasillo.
Pues sí, era mi jefe. Lo vi pasar por mi puerta, mirándome con cara de Rey Mago o algo así, o como si, al ver todo aquello, me preguntase con una sonrisa Quién me había hecho tal regalo, ohhhh vaya vaya, qué regalo…
Lo hizo como lo haría un payaso a un niño, lleno de sonrisas, y de pactos en silencio. Y yo, no pude mas que reir y sentir que ese hombre me mimaba y sabía como hacerme feliz.
Al salir me compré una planta muy exótica con un tiesto de cerámica muy bonito para ponerlo al día siguiente sobre mi mesa de trabajo.
Y no se por qué, antes de irme a dormir, pensé en él y me lo imaginé preguntándome “Has tomado tu aspirina para el dolor de cabeza? Has tomado tus vitaminas?
Así fue como se convirtió en mi Mentor.

Votar

Publicado en Diario | Etiquetado: , , | Deja un Comentario »

Scorsese : Un Cornudo neuróticamente violento

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 5, 2008

En esta escena de “Taxi Driver”, De Niro recoge a un hombre extraño (Scorsese en calidad de cameo) quien resulta ser un cornudo furioso.

De Niro deja que saque su rabia, mientras ambos ven a través de la ventana de un edifico a la esposa del cornudo Scorsese, mientras está con otro pasándoselo en grande.

Las siluetas oscuras parecen enfadar todavía más al esposo cornudo, y uno en realidad no sabe hasta que punto está cabreado…

O sadísticamente encantado.

 

 
 

 

 

Votar

Publicado en Cine | Etiquetado: , , , | Deja un Comentario »

Sumisos y Esclavos. – El Final de una Nota o Carta

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 1, 2008

Nunca terminéis una carta o mensaje sin haber, ante todo, puesto vuestra nota de deferencia hacia vuestra Ama.

Ejemplo:

etc etc, me han encantado sus palabras. Se que un día se harán realidad.

Hasta pronto, me voy a trabajar!!

DE ESO NADA…. MONADA!

Aprended a respetar las normas. Despedíos con naturalidad, PERO SIEMPRE CON DEFERENCIA. No hay algo que más desagrade que ver un simple esclavo haciendose el simpatico por las prisas.

Nada de nada. Uno se despide, como minimo con un

A SUS PIES,

…POR MUCHA PRISA QUE TENGA!!!

Entendido, espero!

Votar

Publicado en Consejos, Etiqueta, Opinión | Etiquetado: , , , , , , , | Deja un Comentario »

Mi Profesor de Piano

Publicado por La Esposa del Gobernador en Septiembre 30, 2008

Mi profesor particular de piano tenía una paciencia infinita para conmigo. La tarde que llegó parecía airado por alguna secreta causa, como si algo o alguien le hubiese hecho perder los nervios poco antes de salir rumbo a nuestra casa, o como si, dándose cuenta de lo tarde que era, hubiese saltado de tranvía en tranvía hasta llegar.
Yo llevaba entonces los cabellos lacios y un lazo blanco muy grande. También llevaba un vestido blanco con ribetes oscuros y zapatos claros que armonizaban, no ya con el vestido y el lazo, sinó con los tonos pastel y oscuro de la casa. Era algo así como un diseño de familia, sin querer hacer con ello burla, pero por aquel entonces los señores de las casas dedicaban a la “armonía” gran parte de sus fines de semana. Las columnas, las paredes y los muebles eran halagados por las visitas y ciertos artistas de paso por la ciudad venían a visitar nuestro salón de estar, decorado por un ilustre artista catalán.
Mi profesor de música se daba cuenta de la vena artística que yo poseía para la poesía hecha sonido y para la escultura, sin embargo a él no le hacía ninguna gracia que en medio de la clase apareciese un criado para advertirme que mi profesor de escultura ya había llegado, y que estaba disponiendo el torno para nuestras labores de cerámica.
Era entonces cuando mi profesor de música se ponía de la misma manera que la primera vez que lo conocí: su rostro se tornaba lívido primero, escondiendo un enfado terrible; acto seguido sus labios se tornaban casi en una línea fina y delgada, mientras que sus ojos se me aparecían a medio cerrar. En cuanto el criado abría la puerta yo ya me daba la vuelta para observar su rostro y seguir el curso de aquella serie de reprimidos enfados que salían por sus silencios. Aquello me divertía mucho. Entonces yo hacía como que el criado me había quebrado completamente en el ritmo de la melodía que estaba tocando, y dejaba mis manos de golpe sobre el teclado. Eso enfurecía más a mi profesor. En realidad no era yo quien le molestaba. Lo enfurecía más el hecho de darse cuenta de que su alumna también estaba contrariada. Pero yo no lo estaba ni un ápice.
Entonces sus manos se acercaban a las mías, cubriéndolas con mucha ternura y me decía en tono grave: “No te preocupes, niña. A ver si la próxima vez no nos asusta tanto este señor criado tuyo.”
Yo entonces intentaba mover mis manos bajo las suyas, mostrando nerviosismo y él las calmaba de nuevo y poco a poco aquel gesto se convertía en una caricia, en cierto modo fuerte y varonil. Y por ello, a partir de entonces, el criado siempre abría la puerta de improviso en las tardes de clase de piano.
Por supuesto: a petición secreta mía.

Votar

Publicado en Relato de Ficción | Etiquetado: , , , | Deja un Comentario »

CONTINUACIÓN IV

Publicado por La Esposa del Gobernador en Septiembre 29, 2008

Tras el despido de mi compañero de trabajo, me quedé de responsable de mi Departamento. Al no desear ni permitir la injusticia infligida a dicho compañero, aproveché la tarde siguiente, en la cual, como siempre, le daba relación a mi jefe de cómo iba avanzando el trabajo.
Me recibió en su segundo despacho, el hermoso despacho acogedor.
Yo notaba que mis palabras eran siempre escuchadas, que ese hombre contaba con mi opinión. Que lo que me ocurría le importaba, mis sentimientos hacia el lugar donde trabajaba.
Así que tras darle a conocer una noticia que había visto en internet respecto a nuestro lugar de trabajo, comencé a hablarle de mi ex compañero de trabajo:
-Pienso que ese despido no solamente le ha hecho daño a él, sino que a mí posiblemente me lo dé también. Yo ahora mismo estoy de responsable de un Departamento, cuando Usted bien sabe que sólo le dije que me quedaba para corregir un trabajo mal hecho. Y luego irme. Ahora siento que hay personas en este lugar que me miran con malos ojos, pensando que me he sabido comportar para quedarme con su puesto.
-Dime nombres. Dime nombres..
-No le diré nombres, si los hubiese no se los diría, porque no se trata de eso.
-Lo que pasa es que tú piensas mucho. No te das cuenta? Eres una buena persona, inteligente, preparada. Caes bien a tus compañeros. ¿Por qué iban a pensar mal de tí?
-Bueno, en otros países es muy usual la envidia, el hablar por la espalda.
-No te preocupes, eso no ocurre. No está ocurriendo. Te respetan.
-Además, Usted no puede hacer eso a X. Esta persona se encuentra en una posición muy delicada ahora mismo. Su padre trabaja en un barco y envía dinero de vez en cuando, y X debe trabajar para ayudar a su madre. Me parece ….
-EL NO VOLVERÁ AQUÍ. ASI QUE QUITATELO DE LA CABEZA.
-Es posible que no vuelva aquí. Pero en este lugar hay muchos departamentos. Dele otra oportunidad. En otro departamento. Debe pensarlo.
-ESTA PENSADO. EL NO VOLVERA AQUI.
-Pues me parece una injusticia muy grande. No estoy de acuerdo para nada. No está preparado para seguir en el departamento, de acuerdo. Pero Usted PUEDE darle otro puesto en un lugar en el que no meta la pata.
-¿Y … QUE ME PROPONES TÚ?
-Pues podría estar en el departamento de museos, o como guía de visitantes.
-Eso no me parece una buena idea.
-Piénselo.
Me fuí, mientras él me sonreía amablemente.
Al día siguiente teníamos reunión.
El sacó su cigarrillo y se puso a comentar esto y lo otro, hablando sobre temas varios, y de repente:
-Tengo que decir que (y dijo mi nombre) desea que X vuelva a trabajar con nosotros. Yo no estoy muy de acuerdo, pero ella insiste.
Me miró y me preguntó:
-Entonces dónde DESEAS ponerlo?
-En la sección de guías turísticos o en la sección de prensa.
-¿Y tú crees que allí no meterá la pata como lo ya lo hizo?
-Por supuesto que no. Estoy segura.
-De acuerdo, de acuerdo, pues se hará como dices.
Sentía que me ponía en una posición alta mientras él preguntaba como un subordinado. Los demás vieron, a través de sus palabras, mi buena voluntad. Me dejó como una benévola.
Y.. acto seguido sin más dice en voz alta:
-ENTONCES, POR LO QUE RESPECTA A TU ESTANCIA AQUÍ…. TE VAS EN OCTUBRE?
Todos mi miraron, sin saber qué decir. Nadie conocía que mi deseo era irme tan pronto. Esas eran cosas entre él y yo. Pero al decirlo en voz alta, sentí que me estaba poniendo en evidencia ante los demás, para que me dijeran los demás que me quedase. Un arma suya. Y dije:
-Sí, me voy en Octubre, una vez se haga la inauguración, y por supuesto ya todo el trabajo mal hecho estará más que arreglado.
-PERO.. POR QUÉ EN OCTUBRE? NO SERÍA MEJOR UN CONTRATO? UN CONTRATO… SERÍA LO IDEAL.
Los demás me miraron y algunos compañeros se acercaron a mí.
-BUENO, DE TODOS MODOS, HABLAREMOS DE ESO, PERO PIÉNSALO BIEN.
Y dió por concluída la reunión. Compañeros se acercaron diciendo que no sabían que deseaba irme tan pronto, que debería quedarme, que sería bueno que me quedase, que firmase un contrato, sería bueno para mí, que no fuese así como así.
Y volví a mi despacho llena de preguntas.
La que más me hacía era: Por qué ese hombre está utilizando esta reunión para sacar a colación mi estancia aquí? Por qué implica a los demás, para que me insten a que me quede? Y sobretodo, por qué me ha dejado a mí la decisión del retorno de X, cuando él es el jefe de este lugar?
Y allí comenzaría la lucha suya por mi permanencia y la mía por mi libertad.
Es decir, el juego (no tan juego diría yo) de dominación-sumisión no había hecho más que empezar.
CONTINUARÁ

Votar

Publicado en Diario | Etiquetado: , | Deja un Comentario »

El Mentor

Publicado por La Esposa del Gobernador en Septiembre 27, 2008

El era su mentor. Venía cada semana para cerciorarse que no le faltase nada. Tomaba en sus manos los libros que ella había dejado desperdigados sobre la mesa junto al gran ventanal. Miraba por encima las notas escritas a mano, en los márgenes de los textos. Repasaba las direcciones de los remitentes que, con caligrafías de los más diversos estilos, aparecían en sobres grandes y pequeños, abiertos y sin abrir, azules, con y sin lazos, unos todavía lacrados y otros medio rotos por el afán que ella tomaba en abrirlos, sin esperar a encontrar dónde había dejado el olvidado cortaplumas.
Después de esto se acercaba al armario donde dos puertas de cristal protegían más libros y cuadernos, cajas llenas de recuerdos, pequeñas estatuas que había ido comprándole cada vez que visitaban una ciudad diferente. Sobre las paredes ya no estaban las litografías prerafaelitas. En su lugar se percibía la desnudez pálida que a ella tanto le ayudaba a concentrarse para estudiar. Sobre la silla había un libro de Pirandello. Lo tomó y recordó habérselo comprado durante su último viaje a Florencia. Tantas cosas recordaba de este y de otros tantos viajes en los que su único deseo era complacerla y hacerle vivir una vida mejor, después de haberla encontrado en los suburbios de París sin apenas abrigo un veinticuatro de Diciembre, cuando se dirigía a su residencia tras haber visitado a un niño enfermo.
La vió sentada en una esquina, tiritando de frío. Y el hecho de ver su rostro entumecido por la inclemente noche invernal le infundió tales deseos de brindarle su ayuda que, sin pensárselo dos veces, le ofreció comida y cama hasta el día en que -según sus propias palabras- sus ojos volvieran a sonreir.
Mucho tiempo había pasado después de aquel inesperado encuentro. Se convirtió en su mentor. No quería que volviera a aquella casa que a veces visitaba de lejos, con personas que ni tan siquiera eran sus padres y que la hacían mendigar, junto con otros niños. Quería que se convirtiera en alguien fructífero, en alguien preparado, en una persona digna de sí misma.
Se la llevó a cuantos países tuvo que visitar por motivos de trabajo. Conferencias, seminarios, encuentros entre científicos. Se la llevaba siempre consigo, y así se convirtió sin darse cuenta en un padre, en un mentor, amigo y, al tiempo que pasaban los años, en enamorado también.
Ella, por su parte, se dedicaba a sus estudios con mucha fruición. Demostró su agradecimiento ante tanta dedicación y apoyo con lo mejor que pudo ofrecer de sí misma. No se saltaba ninguna clase, a menos que tuviese que viajar, y los fines de semana se quedaba en casa, leyéndole a él obras clásicas, acompañándole a sus reuniones los jueves a las siete, jugando al ajedrez los domingos por la tarde, yendo al cine con él los sábados, si llovía.
Le recitaba versos en latín y en griego, mientras él la escuchaba, sentado en su sofá, con su pipa y el periódico en sus manos, que apenas miraba cada vez que ella, con su voz intensa, le enfervorizaba llegando a hacerle sentir una pasión viva, que no podía llegar a controlar. Entonces él se convertía en un niño feliz, entusiasmado, y la miraba con ojos de admiración sin límites.
Aquella tarde, como tantas tardes, María le abrió la puerta. Ella estaba ausente. Eso ocurría muy a menudo últimente. Se preguntaba si estaría todavía en la facultad. O si se encontraba en aquel mismo momento en los brazos de un estudiante de aquellos que le enviaban cartas lacradas o sin lacrar…
Muy a su pesar, no podía evitar sentir una espina en el corazón cada vez que entraba en aquel estudio y lo veía vacío. Surgían en él cien dudas, se veía a sí mismo como uno más de aquellos estudiantes, un estudiante celoso que nunca antes había estado enamorado.
En realidad él nunca antes lo estuvo. Pero eso tardó en reconocerlo.
En un rincón de la mesa había una carta doblada y, sin pensárselo, la tomó entre sus dedos que, muy a su pesar, temblaban, lo que le dió deseos de burlarse de sí mismo.
Apenas terminó de leerla sintió que le hervía la sangre, que se le subía a la cabeza y le bajaba al corazón, alternadamente. Se fué directo al ventanal y lo abrió. Necesitaba respirar después de lo que acababa de leer.
No podía ser posible que su idolatrada niña tuviese deseos de irse un año por América. ¿Cómo podía ocurrírsele siquiera esa idea? Irse con Hervé Lesmoines. ¿Quién era Hervé Lesmoines? ¿Un estudiante? ¿Un profesor? La nota había sido escrita rápidamente, como si fuese simplemente un esbozo de una larga carta, bien pensada y madurada antes de ser enviada.
Repiró fuertemente. Estaba furioso. No sentía que ella era una desagradecida al ignorar todos los años que él le había dedicado. Sentía que era una desagradecida por dejarle, por separarse de él, por dejarlo a un lado para irse con otro. Se daba cuenta, cuanto más pensaba, que más se enfurecía, y que más le dolía ver claramente lo que representaba ella para él. Ya no podía ocultárselo más a sí mismo. La amaba con todas sus fuerzas, con todo su corazón. Amaba a aquella mujer a quien una vez encontró en la calle tiritando de frío cuando tan sólo era una niña.
Se oyó una voz. Era María. Oyó después la voz de ella, y luego un bisbiseo que le puso nervioso. Aguardó a que ella entrase, la esperó con toda la serenidad que le fué posible.
Y luego ella abrió la puerta y entró.
Al verle esbozó cierta sonrisa que a él le pareció fuera de lugar, de acuerdo a lo que acababa de leer en aquel pedazo de papel.
No te esperaba. Dijiste que vendrías mañana. Y acto seguido miró rápidamente al lugar donde estaba la nota. Y luego lo miró a él de nuevo. El se acercó y la ayudó a desprenderse de su abrigo. Al notarla tan cerca percibió los efluvios de un aroma de rosas mezclado con cientos de otros aromas, aromas de la calle, del café, de lugares por donde ella había estado. Mientras tomaba su abrigo respiró el vapor de sus cabellos y sintió que su alma enardecía, que su corazón latía con más fuerza, que su voz interior tenía más y más deseos de hablar, gritar a voces la verdad que siempre silenciaba.
¿Has estado en un café?
Si. ¿Cómo lo sabes?, preguntó con sorpresa, esbozando otra de sus sonrisas.
Tus cabellos. Huelen a café y a rosas.
Ah. Sí, estuve en un café.
Silencio.
¿Te gustaría ir de vacaciones después de los exámenes de la semana que viene? Podríamos ir a donde tu quisieras. Puedo disponer de dos semanas libres. A donde tu quieras.
Pues…me gustaría, si. Me gustaría mucho. Pero tengo que pensarlo.
Y eso, ¿por qué? ¿Preferirías quedarte aquí?
No, no es eso.
¿Entonces…? ¿Qué ocurre, mi niña?
Se acercó a ella y le miró los ojos. Ella los bajó.
Me gustaría irme un tiempo. Pero sola.
¿Sola? ¿Adónde, y … por qué sola? ¿Es que ya no soy un buen acompañante? Me estoy haciendo viejo, lo sé. Pero aún así creo que no te aburres conmigo. Si es así, dímelo, por favor. No quiero que me ocultes esas cosas.
Bueno, sola no. En realidad me iría con un amigo. A América.
¿América? ¿Y quien es ese amigo? ¿Un estudiante?
No, es un pintor
Un estudiante pintor.
No. No estudia. Sólo pinta.
Sentía que cada segundo le sería más difícil hacerle preguntas. Notaba que cada vez tenía menos aliento para preguntar, que en cualquier momento se le quebraría la voz, y quien sabe si hasta le saltarían lágrimas sin poderlo evitar.
Por eso, optó por callar. Se quedó en silencio. Y ella se le acercó.
Sólo serían unos meses. Te lo prometo.
Unos meses…. Eso puede ser un año. Dos años son veinticuatro meses. Unos meses… en fin, no puedo impedírtelo pero sí puedo rogarte que no vayas. No podría resistirlo.
Y… ¿por qué no? Al fin y al cabo todas las estudiantes que conozco van a algún lugar, y yo quiero ir a América.
Pero…
Se acercó más aún a ella. Sabía que más tarde o más temprano acabaría diciéndole algo de lo que se podría arrepentir. No quería que ella supiera que sus sentimientos se habían transformado, sobretodo últimamente. No quería. No lo podía permitir.
Ella miraba a través de la ventana. Así permanecieron en silencio unos segundos que parecían horas para ambos. Al final ella se acercó y le espetó:
¡Es que tú siempre quieres que yo sea tu niña, eso es imposible, ya es imposible¡
La miró, y se dió cuenta de cuánta razón tenía. Se había hecho una mujer hermosísima. Tan hermosa que cuando paseaban le daban deseos de estrecharla en sus brazos, pedirle perdón y acto seguido sellar sus labios con los suyos para luego desaparecer para siempre. Tenía deseos de ir a verla cada mañana y llevarle el desayuno, vestirla, perfumarla, como un esclavo a una diosa. Sentía deseos de enfrentarse con las miradas que la cruzaban cuando iban y venían de sus tardes en el teatro, el cine, el círculo de amigos científicos. Le daban ganas de bajarse repentinamente a sus pies, en medio de la calle, y besarlos, aquellos pies que con dulzura él había cuidado desde el principio. Le mortificaban los hombres que le decían piropos a ella, cuando pensaban que ambos se desconocían mutuamente y que simplemente miraban a la vez una vitrina en la calle, como por casualidad. Pero se sentía lleno de placer cuando la tomaba por el brazo y los transeúntes creían que estaban casados. El con una joven hermosa y apasionada, ella con un hombre elegante entrado en años. Así les trataban en los restaurantes, en las cafeterías, en los salones de té. Los camareros pensaban que la diferencia de edad se debía a una simple casualidad. Otros miraban con insistencia a la joven y se preguntaban cuánto dinero tendría él en el banco. Así eran las opiniones que se reflejaban en los ojos de hombres y mujeres…
Ella le cortó de tales pensamientos al decir:
¿No me contestas? Soy tu niña todavía, ¿verdad?
Entonces él, súbitamente, dejandose llevar por lo que sentía y que no podía ocultar ya más la tomó en sus brazos con fuerza y le dijo:
Eras mi niña. Si, es cierto. Ahora eres también mi amor.
Y bajó la mirada avergonzado.
Ella respiró hondo y exhaló un suspiro de triunfo, como si al fin se hubiese cumplido un deseo que desde hacía mucho había estado anhelando, como si hubiese estado esperando noches enteras hasta poder ver una sola estrella, nada más que una, en una cielo cubierto eternamente de nubes opacas, densas, sin moverse durante mucho tiempo.
Exhaló y se lo quedó mirando, le miraba los ojos y luego los labios, y otra vez los ojos y los labios, alternativamente. El hacía lo mismo, sin pensar, absorbido en aquel momento eterno, donde uno se da cuenta de una verdad que antes desconocía, un descubrimiento que presentía y que, al verlo realidad, se queda hipnotizado, sintiendo que la vida da vueltas en sentido contrario a las agujas de un reloj.
Se acerco más a ella, rodeó su cabeza con su mano derecha, la acercó más y más hasta que la besó apasionadamente, con fuerza, con una fuerza repentina, que no cesaba.
Ella cerró los ojos. Era completamente feliz, sintiendo aquellos labios que la besaban y que habían finalmente sucumbido al efecto de los celos. Pensó en la nota. Pensó en las noches que había pasado en vela pensando. Pensando en cómo hacerle reaccionar, en cómo hacerle tomar una decisión. Pensó en redactar una nota. Estuvo pensando dos noches qué nombre escribrir. Finalmente le pareció que Hervé sería apropiado. Suena dulce pero también serio, pensó.
Y la nota surtió el efecto esperado.
Pues ella, tal y como a él le había sucedido, no sabía como hacérselo saber. No sabía cómo decirle que en su corazón hacía ya mucho tiempo que había dejado de llamarle padre y que de noche besaba la almohada llamándole en un grito silencioso, ahogado por lágrimas de mujer enamorada.
Ahora se encuentran en América, pasando su tercera luna de miel.
Creo que hoy deben estar en Río, aunque quizás todavía no hayan salido de Baltimore.
Yo creo que no deberían perderse una visita a Yucatán….

Votar

Publicado en Relato de Ficción | Etiquetado: , , | Deja un Comentario »