La Esposa del Gobernador

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Ante los militares

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 23, 2008

Mi tío, quien era un general, había invitado a un grupo de militares para que visitasen su nueva residencia en el interior de la región. Estaba rodeada de bosques y había un río muy cerca en el cual yo ya tenía pensado bañarme muchas veces al alba y durante los anocheceres de verano. Yo me levanté aquella mañana sin saber nada de las visitas, y cuando oí murmullos, luego risas y más tarde incluso canciones patrióticas, creía que se trataba de algún disco especial que mi tío había puesto en su gramófono. Me puse una sencilla bata, me miré en el espejo y pude darme cuenta de que por algún motivo esa mañana irradiaba felicidad. Quizá fuese algo que había soñado y que enseguida olvidé. Salí de mi habitación y bajé las escaleras corriendo, sintiendo mi corazón palpitar. Yo creía que todo ello se debía a los efectos de la primavera y me dirigí al lugar de donde provenían los sonidos, cada vez más cercanos.
Me dí cuenta de que entre ellos no se distinguía ninguna voz femenina, así que imaginé que se trataba de algun discurso solemne acompañado de vítores. Sin darme cuenta de dónde me llevaban mis pies pasé de lado del salón en el cual se encontraba el gramófono sin darme cuenta, seguí hasta la cocina y ví que había mucha comida preparada y botellas de vino abiertas, algunas vacías ya, dejadas sobre la gran mesa de madera. Crucé la cocina y me dí cuenta de que los sonidos, las voces provenían del jardín, así que entonces comprendí que mi felicidad se debía a la de mi tío, quien seguramente estaba preparando un almuerzo junto con los criados bajo la pérgola, alrededor de las flores y cerca de la fuente. Salí precipitadamente de la puerta de la cocina llamando a mi tío a voces, con tanta energía que sentía arder mi rostro y súbitamente me vi frente a un grupo de militares, todos de pie, la mayoría de los cuales tenía en una mano un vaso de vino y en la otra un cigarrillo. Llevaban todos abrigos muy largos y sus diferentes gorras con su rango y clase cada una de ellas. Serían en total unos veinte hombres, todos ellos frente a mí, observándome y por lo visto bastante sorprendidos ante mi presencia. Sus ojos denotaban una sonrisa reprimida, y se concentraban en mi rostro y luego en mi vestido para luego volver a mi rostro y de nuevo a mi vestido, sin una palabra, con sus manos congeladas allí, con el vino esperando a ser de nuevo llevado a aquellos labios ribeteados por finos y bien delineados bigotes, elegantes en su mayoría. Yo bajé la mirada y me dí cuenta de la causa de todo aquel estupor. En mis prisas por saber qué ocurría había olvidado abrocharme el camisón y lo que sobresalía de aquella bata los había casi hipnotizado.
Frente a aquellos hombres, que aunque militares, no dejaban de ser hombres con sus temores y sus inseguridades personales, me sentí desafiante. Era como una prueba de fuerza la que tenía que demostrar. Esconderme hubiera significado tener que escuchar más risas y luego el recordar aquel momento cada vez que los viese de nuevo, en un concierto, en una fiesta….

Busqué el rostro de mi tío por entre aquellas caras desconocidas. No lo percibía por ningún lugar. Aquello me dió la oportunidad de darme cuenta de que entre todos aquellos hombres había uno que me resultaba particularmente irresistible. Llevaba una boina de militar, un abrigo larguísimo, más claro que los demás, y sus piernas estaban separadas una de la otra. Se encontraba aquel hombre en posición de autoridad y me observaba en silencio, mientras yo dejaba que lo hiciese mientras a mi vez lo observaba a él. A pesar de la presencia de los demás, mis ojos estaban posados en aquel hombre que, a diferencia de los demás, cuyos rostros denotaban verguenza ajena o deseos de poseerme, este otro hombre me miraba disfrutando con mi falta de acción, encontrando mi postura interesante, comenzando a fascinarse por mi resolución de no hacer nada en absoluto a pesar de estar casi desnuda ante todos ellos.
Su mirada se convirtió en un reto y yo permanecía en silencio, así, sólo para él. Se llevó la mano en la que tenía el vaso de vino junto a la otra y asió el vaso y el cigarrilo mientras que la otra mano se la llevó a un bolsillo, como para estar más relajado y ver cual sería mi paso siguiente.
Me sentí excitada ante aquel hombre que sin palabras me decía “no puedes aguantar más, vas a entrar en la casa, seguro que lo vas a hacer” y yo desafiante lo observaba a mi vez, diciendole con la mirada “eso ni lo sueñes, amor mío”

Finalmente sentí que estábamos solos él y yo, en un jardín una mañana de primavera. Y así pasó más de un minuto, hasta que la voz de mi tío, viniendo de dentro de la casa rompió todo aquel encanto. El sonrió y yo caminé hacia atrás, sin mirar, hasta darme la vuelta y perderme de su vista, por la parte trasera de la casa. Oí a mi tío preguntar a qué se debía todo aquel silencio, pero nadie le contestó la verdad. “Es que falta más vino, Señor”, oí decir.
Fuí corriendo a mi habitación y me miré en el espejo. Aquellos hombres habían estado viendo mis senos todo el tiempo y ni uno de ellos me había dicho que fuese adentro de la casa.
Me quedé ruborizada, recordando al militar con el que había intercambiado tantas miradas e imaginé qué hubiese ocurrido si en lugar de haber todos aquellos hombres hubiésemos estado él y yo solos.
Me vestí e hice llamar a mi tío. Le expliqué que no bajaría a conocer a sus amigos porque tenía dolor de cabeza. Mi tío se preocupó bastante pero le dije que eran cosas de mujeres. Así que una vez comprendida la causa de mi jaqueca bajó y estuvo un rato más con todos ellos pero sin hablar en voz alta, para no molestar a su querida sobrina, la que estudia en París y que está hecha toda una señorita, que es tímida, como debe ser, y decorosa, como bien la educaron las monjas.

Aquella tarde mi tío llamó a la puerta de mi habitación y me entregó un dibujo muy bonito de un cisne sobre un lago, que uno de los militares había dibujado para mí.
Bajo el dibujo estaba escrito con una caligrafía fina y elegante: “Un cisne para otro cisne.”
Jean Sebastien Malraux.

Qué detalle, comenté a mi tío, y me sentí completamente confusa y avergonzada, recordando lo que había ocurrido por la mañana. Me pregunté quién podría, despues de ver lo que había visto, tratarme de “cisne” , de algo tan puro y tan inocente.

¿Quién te lo ha dado, tío?

Está escrito bajo el dibujo, dijo mi tío un poco enfadado.

Y, por qué me lo ha dado a mí?

Y yo qué sé! se enfureció mi tío. Ni siquiera te conoce y ya te está rondando. Esos militares son la caraba. No te cases nunca con un militar como yo. No tenemos remedio!

No me hizo falta saber quién era aquel admirador. Despues de tres días se presentó de nuevo y besando mi mano dijo a mi tío:

Nunca antes había visto nada igual, Señor. Es un cisne.
Y mientras mi tío miraba por la ventana, el tal admirador acercó más sus labios a mi brazo y clavando sus dientes con afecto y deseo, me dejó una marca de dolor y placer que me conmovió.

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Escenas de Sumisión

Publicado por La Esposa del Gobernador en Octubre 7, 2008

 

el clavel y la rosa

Dos personajes llaman mi atención en “El Clavel y la Rosa” telenovela brasileña ambientada en los años 20, y basada en la obra La Fierecilla Domada de Shakespeare.

Debido a dichos personajes, que no son precisamente los protagonistas de la historia, sino más bien la antítesis de los mismos, a veces me distraigo con las cosas que les acontecen y se trata de un buen estudio sobre dominación y sumisión.

 

Estos dos personajes son Cornelio Valente y Dinora Moura de Valente, ambos un matrimonio poco convencional. El es un hombre rico y sumiso, llama Diosa a su mujer frecuentemente, y ella le domina con absoluta condescencencia por su parte.

 

Cosas que hacen:

 

gse_multipart39755 1. Cornelio defiende algo con lo que Dinora no está de acuerdo. Resultado, Dinora, mientras está recostada sobre el sofá, y su madre en un sillón cercano, le espeta a su marido:

“Esta noche, duermes en el sofá”. El marido se siente humilado ante su propia suegra, quien se pone a reír.

 

2. Cornelio y Dinora visitan a una amiga, la cual tiene una tienda de ropa femenina. Dinora escoge un vestido para probarse. Y se dirigen a una habitación.

Dinora, al ver que su marido también desea entrar, le dice muy tranquilamente: No, tu no. Tu te esperas fuera. Y el se queda fuera, esperando, con el perrito en sus brazos, seguramente porque hace mucho que no ve desnuda a su mujer.

 

3. De nuevo, Dinora castiga a Cornelio con dormir en el sofá. Cornelio sube arriba y golpea suavemente la puerta de su Diosa. Ella abre y le pregunta, qué pasa. A lo que él responde “por favor, mi Diosa, déjame dormir en la habitación.”

Ella por toda respuesta le cierra la puerta violentamente en las narices.

Y él susurra mientras vuelve a llamar con suavidad: Mi Diosa, por favor, déjame dormir en la habitación. Mañana te compraré un regalo.

 

Entonces Dinora le abre la puerta muy despacio, y le dice : Te abro la puerta no por el regalo. Sino porque estoy harta de que llames, me pones mala.

Le dice que duerma en el suelo, cerca de la cama, sobre una alfombra.

El así lo hace, y la mira en su cama, tan a gusto.

Ella saca una pierna y la deja colgando fuera de la cama, para que él la vea. Mueve los dedos de su pie, invitándole a que los bese.

El se pone de rodillas y le besa su hermoso pie, sube besando su pierna y salta sobre la cama como un perrito, comenzando a besarla en el cuello, acariciándola.

Y ella, muy feliz, se deja hacer.

 

Los personajes están interpretados por Neil Latorraca y Maria Padilha

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EL CORNUDO EN LITERATURA. PARTE I

Publicado por La Esposa del Gobernador en Septiembre 21, 2008

El cornudo en literatura, parte I:

Un cornudo es una pieza de joyería. Hay que saber mantenerlo a nuestro lado, darle brillo para que piense que juega un papel importante en nuestra felicidad. De una gran manera, así es, sin embargo la mejor forma de cuidar esta joya es putearla tantas veces como nos sea posible, ya sea en mente o en hechos. Su reacción será la antítesis de los “sexualmente, sensualmente” maridos correctos. Basta dejar la puerta abierta de nuestra habitación cuando él llegue a casa, dejando salir por ella gemidos de gozo o risas que rayan en el deseo más sexual, para que nuestro hombre comience a sentir cuánto vale la pena esta vida si a cambio se tiene una mujer que es capaz de ser la mujer de todos sin por ello sentirse culpable en lo más mínimo. Este hombre cornudo comenzará a excitarse nada más cruzar el umbral de la casa, y todo cobrará sentido para él; las horas pasadas en esa triste, tediosa, o estresante oficina, servirán de motor para una alegría amparada en la maledicencia de una consorte sin ningún ápice de moral, aunque para ella, todo está permitido, puesto que él todo se lo permite.
Un marido cornudo entrará despacio, saboreando cada paso que le acerca a la esposa infiel. Se dará cuenta de que posee una joya de valor incalculable (sin darse cuenta de que la verdadera joya es él), se frotará las manos temblorosas al imaginar el cuadro que se le va a presentar una vez descubra con quien (o con quienes) se halla su mujer retozando. Tal descubrimiento le llenará de gozo, le hará sentir que no es nadie comparado con los exuberantes miembros que la colman de placer, se sentirá muy pequeño en todo su ser y , o bien saludará con profundo respeto y sumisión a los invitados de turno, o bien hará como que no ve nada y se dirigirá a la cocina a prepararse un café, o se quedará escuchando u observando por la mirilla de la puerta, en silencio, mientras sus manos se ocupan en materias de auto placer.
En la literatura existen muchísimos ejemplos de cornudos, la mayoría de las veces tratados de forma jocosa, y es que no hay para menos.
Esta es una primera entrada dedicada al cornudo en la literatura. El cornudo es un ser complejo, admirador de su esposa, fiel hasta la médula, obsesivo con su sumisión. Es muy posible que un cornudo aparezca muy diferente en su vida laboral. Muchos son los cornudos que son agresivos en su trabajo, e incluso pueden mostrarse déspotas con sus co-trabajadores. Pero miradlo cuando se cruza con vosotros por la calle, acompañando a su flamante mujer: será un hombre invisible, la sombra de una mujer llena de vida, entusiasmo, y sobretodo, muchas ganas de hacerle ver que siempre es apetecible.
Cuando ambos acuerdan este juego, es muy posible que el hombre cornudo incite previamente a su mujer a que se preste a esta clase de juegos. Sólo entonces le resta saber si ella es la mujer de su vida. Porque si se niega, dicho hombre será un “pro” cornudo, no satisfecho, y entonces vivirá una vida de matrimonio completamente frustrada.

 

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CORNUDO Y CONTENTO.
PASO.
OBRAS DE D. LEANDRO FERNANDEZ DE MORATIN,
DADAS A ALUZ POR LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA
TOMO 1.
ORIGENES DEL TEATRO ESPAÑOL
PARTE SEGUNDA
MADRID 1830

 

 

Otro libro que nos muestra a los cornudos es el Refranero General, ideológico español.
Su autor es Luis Martínez Kleiser. Fué publicado en 1953 por la Real Academia Española
En su apartado titulado “Adulterio”, nos dice:
1.158: Hombre narigudo, pocas veces cornudo.
4.305. Adelante, hijuela, y llámale cornudo.
Dichos refranes ya no están en uso, pero sería interesante que volviesen a estar en boga.
Tenemos también la obra titulada “REFRANES Ó PROVERBIOS DEL COMENDADOR HERNAN NUÑEZ” en la cual se incluye lo siguiente :
pág 288
Marido cornudo soes, mejor es que hinchar odres. Por eso es uno cornudo, porque pueden mas dos que uno. Quien es cornudo y lo consiente, que sea cornudo para siempre. Quien es cornudo, y calla, en el corazón trae un asqua. Sobre cuernos, penitencia. Váyase mocha por cornuda.
Zelos, ó zeloso.
El zeloso, se suyo ses cornudo.
Dicho libro fué escrito por Por Hernán Núñez, Luis de León, Luis de Escobar
Publicado en 1804.
(Vosotros, queridos cornudos, ¿qué pensáis de tales proverbios?)
Un libro interesantísimo y recomendado es el escrito por nuestro querido Camilo José Cela.
En él se da paso a describir los “diferentes tipos de cornudos”.
Dice Cela, por ejemplo:
Cornudo acaponado. Cornudo figurín de voz atiplada. Es especie algo tartaja, que frecuenta el trato de las señoritas de conjunto.
Cornudo a lo tripa de Jorge. O cornudo que estira y encoge. El de reacciones insospechadas y que fluctúan según sople el cuadrante.
Cornudo alborotador. Es que se desahoga con el escándalo que, sin pasar jamás a mayores, aboca en el armisticio que no le absuelve del cuerno pero sí de la ira.
Dicho libro fué publicado en 1976. Por lo visto, a Cela le interesaba mostrar que el cornudo es un tipo de persona con diferentes matices. Será un tema a tratar en próximos posts.
Existe un libro de en latín, que da la acepción que caracteriza a un cornudo.
Dicha obra también puede descargarse para todos aquellos cornudos (y esposas de cornudos) a los que le interese indagar en la cultura de forma docta.

 

 

Otra obra, interesante y divertida es El Estupendo Cornudo (Le cocu magnifique)
Se trata de una obra de teatro, llevada al público con gran éxito y que fué llevada al cine italiano.
Fue estrenada en Madrid el 14 de enero de 1933 en el Teatro Cervantes por la Compañía dramática de Arte Moderno. Los decorados fueron de Salvador Bartolozzi. Su autor es Fernand Crommelynck.
La obra está traducida por Augusto d’Halmar, Antonio Espina.
Publicado en 1925

 

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Por último, mencionaré las Obras satíricas y festivas.
En ellas se cita la Carta de un cornudo a otro
Su autor fué Francisco de Quevedo
Publicado en 1939
Librería Perlado

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Hasta Otra

 

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