Barbara Paulsen
“La Moda, reflejo del tiempo y la sociedad”

Siempre se ha considerado que la moda es un placer frívolo y egoísta que reafirma la vanidad del ser humano y divide las clases sociales de acuerdo a la vestimenta. Pero la moda es mucho más que eso. Al igual que miles de otras costumbres, la moda habla de la sociedad y su idiosincrasia, muestra qué elementos son de importancia en una cultura y de qué manera su gente vive y se desenvuelve en un contexto histórico determinado, a su vez que éste influye en el qué y cómo sea esta vestimenta.
Es cierto que sólo algunos tienen acceso a ella, pero la política, la economía, la religión e incluso las artes han pecado de elitistas a lo largo de nuestra historia, por lo tanto, no es extraño que el gusto por las telas y texturas haya sido y sea hasta la actualidad, privilegio de pocos, a pesar de que existen alternativas para cualquier presupuesto.
Antiguamente, los patrones que regían la moda eran completamente estéticos, despreocupando factores considerados secundarios como la comodidad e incluso el bienestar físico. Hasta comienzos del siglo XX la moda femenina se caracterizó por un perpetuo martirio que avalaba el dicho “Para ser bella hay que ver estrellas”. La incomodidad y poca libertad de prendas como el “corsé”, eran fiel reflejo de las costumbres que reprimían la expresión femenina a las labores domésticas y reproductivas, además, producía serios trastornos en el organismo ya que apretaba todos los órganos interiores. Siendo así la tradición, no era extraño que hasta los primeros años del siglo XX, la forma de vestir de la mujer se halla asimilado más a un objeto decorativo que a una persona.

